18:00 hasta las 00:15
Proyección ISLA DE PERROS (Wes Anderson, EE.UU.)

Proyección ISLA DE PERROS (Wes Anderson, EE.UU.)

1€
ISLA DE PERROS – Ciclo ‘Imprescindibles 2018’ - Pases 18:00 // 20:15 // 22:30
Isle of dogs
Estados Unidos  2018 	101’
Dirección: Wes Anderson
Guión: Wes Anderson (Historia: Wes Anderson, Roman Coppola, Kunichi Nomura, Jason Schwartzman)
Voces: Bryan Cranston (Chief), Liev Schreiber (Spots), Ed Norton (Rex), Jeff Goldblum (Duke), Greta Gerwig (Tracy), F. Murray Abraham (Jupiter), Scarlett Johansson (Nutmeg), Bill Murray (Boss), Bob Balaban (King), Harvey Keitel (Gondo)
Fotografía: Tristan Oliver
Música: Alexandre Desplat
Animación

En un Japón distópico, el autoritario alcalde de la ciudad de Megasaki destierra a los perros a Isla Basura, una isla vertedero del archipiélago japonés, debido a una extendida epidemia que afecta a estos animales. El primer perro en ser deportado es Spots, el perro guardaespaldas de Akira. El intrépido niño emprende un viaje hasta la Isla Basura para encontrar a su peludo amigo.
2018: Festival de Berlín: Mejor director

Isla de perros es una película de animación stop-motion. Pero también es algo más. Mucho más. Y mejor. Si Fantastic Mr Fox, el anterior prodigio animado de Anderson, hacía pie en el universo de Roald Dahl para confeccionar una fábula precisa sobre el bien, el mal y todo lo contrario, ahora, un paso más allá, la idea es reconstruir la odisea necesariamente animal, por humana, de un personaje diminuto y ridículo desde el detalle, efectivamente, más diminuto y ridículo.

Tomando como inspiración tanto los modales callados de Miyazaki como el humanismo violento del primer Akira Kurosawa, el director compone una extraña odisea que más que copiar reconstruye desde dentro el sentido mismo de cada gesto, de cada renuncia, de cada logro que nos define. Somos tan artificialmente humanos que llegamos tarde a la posibilidad de ladrar de forma digna y salvaje. Y en efecto, sin renunciar al humor hierático, al sarcasmo descontextualizado o a la simple tontuna, cada fotograma de la película vive atravesado por una rara fatalidad triste. Entre la desolación y el vacío, los personajes (el niño y su banda de perretes sin dueño) se mueven animados por la paciencia que aporta su más íntima dignidad. O animalidad. Y así hasta la creación de un universo geométrica y carnalmente perfecto.
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